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Descubriendo a Hergé

ExpansiÓn

Una de las cosas que va descubriendo el niño que lee Tintín, es que no está solo, que pertenece a una comunidad en todo el mundo. La lectura suele ser una experiencia secreta, y la relación que mantenemos con un libro, un cómic, muy personal.

El niño que lee Tintín, traducido a más de 70 lenguas, va descubriendo todo un universo, con un pie en la realidad y otro en la imaginación. Tintín puede ser un buen compañero para descubrir ambos mundos. El hombre que hizo esto posible se llamaba Georges Remi, Hergé –sus iniciales, G.R., al revés-, y ahora cumple cien años.

La importancia de este dibujante belga, nacido en Bruselas el 22 de mayo de 1907, la manifiesta Luis Alberto de Cuenca, experto en cómic: “A mí me parece, y lo digo alto y claro, que hay tres individuos que retratan el siglo XX con una nitidez y una compleción extraordinarias: me refiero al británico J. R. R. Tolkien, al norteamericano Walt Disney y al belga Georges Remi, llamado Hergé, tres gigantes de la comunicación.”

Las coordenadas básicasya estaban dadas desde la primera viñeta de Tintín y los soviets (1929): “El periódico Petit Vingtiéme, siempre atento a complacer a sus lectores y a tenerles al corriente de lo que pasa en el extranjero, acaba de enviar a la Rusia Soviética a uno de sus mejores reporteros: Tintín.”

Así empezaron las historias largas de Tintín, aunque Tintín se irá liberando de sus trabajos periodísticos y viajará por otras razones. Además, está documentado que nunca escribirá un artículo. A medida que Tintín vaya encontrando amigos en su camino -el capitán Haddock, el profesor Tornasol, Hernández y Fernández-, será la amistad y los lances los que marquen su brújula. Leer a Tintín supone viajar por los cinco continentes, y ése fue sin duda unos de los objetivos que se marcó Hergé: que los niños conocieran mundo, al mismo tiempo que lo conocía él.

Fernando Castillo, autor de la biografía El siglo de Tintín (Páginas de Espuma), cree que la biografía de Hergé y la de Tintín son inseparables, y que la mejor manera de conocer a uno es profundizar en el otro. Incluso se dice que el modelo físico de Tintín está en el propio Hergé, y desde luego se pueden establecer paralelismos, porque el boy-scout que fue el dibujante halla en Tintín su sublimación.

Como buen héroe, Tintín es un ejemplo de pureza, de valentía, de habilidad. No bebe, no fuma, no tiene ningún romance y su universo es prácticamente masculino. Es demasiado puro y perfecto para ser un buen personaje novelesco, pero no para serlo de cómic, y no para que lo acepten los niños como el mejor modelo.

En cambio Hergé, autor también de Jo, Zette y Jocko y Quique y Flupi, sí que podría ser un buen personaje de novela moderna. Un hombre de apariencia gris pero con un gran mundo interior. Empezó a dibujar Tintín de forma continuada en los años 30 animado por el abate Wallet, director de Le Petit Vingitième, el semanario católico en el que trabajaba. Cuando en 1945 los aliados liberen Bélgica de la ocupación alemana, Hergé será acusado de colaboracionismo con el invasor, y sufrirá una depuración.

Pero pronto se recuperará de todo esto, y en 1950, abrumado por el trabajo, montará un estudio. Es entonces cuando trabaja con colaboradores de la talla de Edgar Pierre Jacobs, Bob de Moor y Jacques Martin, y tiene sus grandes éxitos. Tintín, que ya era internacional en sus historias -viaja al Congo, Estados Unidos, América del Sur, África, China, Oriente Medio…-, se vuelve universal gracias a la difusión de los álbumes por todo el mundo (250 millones de ejemplares vendidos). El general De Gaulle llegó a decir: “Sólo Tintín me hace sombra en el plano internacional.”

Hergé, que realizó Tintín en el Tíbet, una “aventura en la nieve”, para librarse de su obsesión por el color blanco, y que contó con la ayuda de un psicoanalista, tuvo que comprender que no era puro, inmaculado. Probablemente si lo hubiera sido, no habría podido crear a Tintín. Igual que él utilizaba sólo colores planos, sin gradaciones, “porque es así como ven el mundo los niños”, Tintín es completamente puro y uniforme. Como le hubiera gustado ser a él. El éxito de sus álbumes confirma que su visiónartística era acertada.

Hergé sabía muy bien cómo contar una historia. En Tintín el dibujo, clásico, transparente, se alía con una narrativa lineal, directa, que juega muy discretamente con quiebros y cambios de tiempo y de lugar. El poeta y filólogo Luis Alberto de Cuenca no deja de mostrar su asombro:

“La «línea clara» de Hergé es, sin lugar a dudas, la aportación más importante de la bande dessinée europea a la historia de los tebeos. Y su manera de contar, un prodigio de articulación narrativa, que, como en casos tan evidentes como la serie americana The Phantom en la etapa dibujada por el increíble Ray Moore o el soberbio The Spirit de Will Eisner, acerca el cómic al cine de forma muy enriquecedora para ambos medios de expresión artística.”

 

La fascinación por Tintín ha alcanzado a todo tipo de personajes ilustres, desde intelectuales al Dalai Lama. En La carta esférica (2000),Arturo Pérez Reverte le rinde homenaje. Cuando los dos protagonistas, Coy y Tánger, están en pleno Mediterráneo buscando su tesoro, entre eruditos libros marinos y cartas de navegación, hay una referencia a Tintín: “También he pensado en eso –dijo Tánger-. Es lo primero que hice, entre otras cosas porque en El tesoro de Rackham el Rojo, Tintín y el capitán Haddock cometen un error parecido, al confundir la longitud de París con la de Greenwich…” El espíritu de Tintín flota en toda la novela. En el universo marino de Pérez Reverte, “de Homero a Patrick O´Brian”, está Tintín con pleno derecho.

Hergé murió en 1983, pero su personaje sigue vivo en todos los formatos posibles. Ya es una realidad el proyecto de Steven Spielberg de realizar tres películas sobre Tintín. Hace unos años compró los derechos, y está establecido que sea él y Peter Jackson, el director de El señor de los anillos, los que dirijan dos de esas películas. Los magos del cine quieren utilizar la animación digital para dar vida a los personajes de Hergé, sin traicionarlos o devaluarlos.

 

Eduardo Martínez Rico