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Entrevista con Carmen Iglesias

ÉPOCA

Catedrática de Historia de las Ideas y Formas Políticas, experta en el siglo XVIII y la Ilustración, Carmen Iglesias es una de las intelectuales españolas más respetadas.

Carmen Iglesias es agradable, elegante y muy educada. Camina con rapidez por los pasillos de la Real Academia de la Historia, y toda su vida, ahora, marcha a ese mismo paso. Lleva un día muy ajetreado, y después de nuestra entrevista tiene reunión con sus compañeros de la RAH.

Autora de importantes libros como Razón, sentimiento y utopía, forma parte de instituciones como la Real Academia de la Lengua y la Real Academia de la Historia. Recientemente ha sido nombrada presidenta del grupo de comunicación Unidad Editorial.

Carmen Iglesias habla con naturalidad, pero midiendo las palabras, entre la precisión del académico y el tono conversacional. Los sobrios y duros muros de la Real Academia de la Historia –casi un castillo- sirven de contraste a Carmen Iglesias. Parece frágil, pero no lo es.

-¿Siente a veces impotencia por la manipulación que se hace de la Historia?
-Muchísimas veces, sobre todo ante la tergiversación. Yo creo que una de las asignaturas pendientes de la democracia es la calidad de la enseñanza, no la extensión, porque el analfabetismo ha desaparecido, y el acceso de clases medias o bajas a la enseñanza se ha hecho. Pero la calidad ha bajado mucho, y en el campo de la Historia, la política y los políticos, sobre todo los nacionalismos, la han utilizado constantemente de forma espuria.

-¿Cómo se ha utilizado?
-Las Historias que se cuentan en Cataluña y en el País Vasco son distorsionadoras y tergiversadoras de los acontecimientos históricos, que no exigen interpretación, porque están ahí. La primera vez, hace muchos años, que vi en la televisión del País Vasco un mapa que nunca ha existido con un supuesto país que tampoco ha existido, me empecé a preocupar. Sí, me siento impotente muchas veces.

-¿Cree que la figura del Rey como símbolo de la unidad ha sido atacada?
-La quema de fotos, en el plano general de lo que significan los españoles, es marginal en cuanto a número, pero es significativo porque procede de sectores independentistas y separatistas, y efectivamente hay un ataque al Rey, a la unidad. Creo que el peligro proviene de ese fraccionamiento separatista, nacionalista radical, al que no le basta con los niveles de autonomía que tiene, sino que cada vez quiere más. En Europa tenemos una Historia bastante triste, pero que empíricamente está ahí; sabemos dónde acaban desembocando los nacionalismos, como nos enseña la Historia de los nazismos en Europa.

-¿Cuál es el peligro?
-La preeminencia del grupo y del criterio del nacimiento sobre la persona y sobre el individuo es una vuelta atrás al Antiguo Régimen, y esa vuelta atrás acaba desembocando en el totalitarismo. Porque naturalmente los individuos tienden a expandirse y expresarse de muy distintas maneras, y el grupo no es que exija lealtad, exige sumisión, y en esa exigencia de sumisión tenemos los totalitarismos de entreguerras.

-¿Podría explicarlo un poco mejor?
-Tanto el nazismo como el stalinismo fueron fundamentalmente nacionalistas, y sobre la base de valores de grupo aplastaron a todos aquellos que no pensaban como ellos, o a todos los que consideraban un peligro para esos ideales, un poco lo que pasa en el País Vasco con los no-nacionalistas, que si hablan, si se expresan, si ejercen su derecho de ciudadanos tienen que ir con guardaespaldas para que no les ataquen o les maten.

-Esta idea es muy importante en usted.
-Sí, porque como decía Montesquieu el poder tiende siempre al abuso; “hasta la virtud necesita un límite”, decía.

-“Que el poder pare al poder”, decía Montesquieu.
-Exacto. Entonces de ahí surge este mundo constitucional. Que el poder pare al poder, que los poderes se contrapesen. Porque la tentación del absolutismo es la de mandar por encima de todos sin ninguna cortapisa; por eso el periodismo ha sido siempre muy denostado desde su nacimiento en el siglo XVIII, porque es verdad que son testigos de la realidad y el poder preferiría que no hubiera testigos molestos, que sólo hubiera alabanzas y nunca críticas.

-¿Por qué le preocupa tanto este tema?
-Porque creo que la libertad es un bien, como decía Rousseau, para estómagos fuertes. La libertad cuesta mucho poseerla, ha costado mucho lograrla en nuestros sistemas, y se puede perder fácilmente. Por lo tanto hay que estar siempre atentos a ese dominio, esa exageración, ese abuso de poder al que tiende la condición humana.

-Usted empezó a estudiar porque vio que ésa era la mejor manera de llevar la vida que deseaba.
-Yo me recuerdo siempre desde niña con libros en casa. En los regalos de Reyes, que no eran muchos, aunque sí suficientes, siempre había libros. Para mí la lectura y los libros siempre han sido un refugio y un placer. Yo lo he pasado siempre muy bien leyendo, y ésa ha sido mi vida. Es cierto que en el bachillerato fui muy consciente de cómo las buenas notas me daban espacios de libertad, la confianza de profesores, una autonomía, espacios en los que yo podía independizarme. Y el placer de conocer… Una de las emociones más fuertes que he tenido y tengo en mi vida es el placer del “ajá” en el conocimiento.

-¿”Ajá”? ¿”Lo entiendo”?
-Exacto, ese momento en el que te encuentras con algún aspecto complicado de la Historia de las Ideas, o simplemente con la redacción de un tema, y ves cómo encajan las piezas, cómo comprendes de una vez, o piensas que comprendes… Porque todo son pasos: es muy impresionante en la evolución del conocimiento del ser humano lo humilde que hay que ser…

-¿Por qué?
-Porque a mí me ha pasado en muchas épocas de juventud que decía: “Qué bien, ya comprendo esto que no comprendía.” En los libros y en la vida. Y al cabo de cierto tiempo me daba cuenta de que no comprendía nada, de que era sólo una pequeñísima parte de ese mismo aspecto que yo creía que tenía controlado.

-Hace unos meses fue nombrada presidenta del grupo de comunicación Unidad Editorial. ¿En qué le gustaría imprimir su huella?
-En el aspecto cultural. Mi puesto es institucional, no es ejecutivo, sino representativo. Además, es un grupo que en el propio periódico, en El Mundo, y en sus distintas revistas y suplementos, está muy volcado en el mundo de la cultura. Sería ahondar ahí, contribuir a través de estos medios a eliminar estereotipos y prejuicios sobre nosotros mismos, sobre nuestra Historia, y hacer una labor similar a la que se hace en la Universidad o las Academias.

-Usted está muy vinculada a nuestra monarquía parlamentaria…
-Sí, creo verdaderamente que ha sido altamente beneficiosa, que la salida de una dictadura como la franquista era difícil, que se hizo una transición modélica, aunque tuvo sus fallos y los estamos padeciendo de alguna manera ahora: el límite de transferencias autonómicas, la ley electoral... Pero se hizo lo mejor posible, fue positiva en conjunto, y en ese aspecto positivo, en esa transición modélica, el Rey fue absolutamente fundamental.

-Usted fue preceptora del Príncipe Felipe. ¿Cómo era de alumno?
-Fue estupendo. A veces no me gusta mucho hablar del Príncipe porque puede parecer hagiografía, pero no lo es. Yo me encontré con un jovencísimo Príncipe, de 21 años, que era un auténtico interlocutor, una persona que vibraba con las cosas que se le contaban, que le interesaba prácticamente todo… Nos pasamos unos años de clases y de seminarios muy enriquecedores.

-¿Cree que los políticos, el Príncipe, el Rey… son conscientes de que hacen la Historia?
-Los políticos no lo sé, pero el Príncipe siempre ha sido muy consciente de quién era, de dónde procedía, y que la Monarquía parlamentaria es una monarquía de deberes y obligaciones fundamentalmente, y ese sentimiento de servicio a la comunidad, y de formar parte de la Historia, lo tiene muy interiorizado.

-¿Cree en un sentido práctico de la Historia?
-Yo siempre digo medio en broma medio en serio que la Historia enseña, pero de lo que no estoy muy segura es que aprendamos, de la misma manera que no hacemos caso de lo que nos dicen nuestros padres hasta que no lo experimentamos. Tenemos que volver a las propias experiencias muchas veces, y a veces se convierten en círculos viciosos que indudablemente un mejor conocimiento de la Historia, la asunción de esa Historia, podría evitar.

 

Eduardo Martínez Rico

 

Asociación de Ideas

Neoclasicismo: Vuelta a Grecia

República: Res Publica

Kant: Moral, juicio, responsabilidad

Escritura: Platón

Partido político: Necesario pero con recelos

Jovellanos: Nuestro gran ilustrado

Elección: Democracia

Sarkozy: Singular

Monarquía parlamentaria: Imprescindible ahora

Biblioteca: Los tesoros del mundo

Montesquieu: Cercano

Consejo: Aprendizaje

Socialismo: Corriente política

Exilio: Pena y pérdida

Academia: Sabiduría

Idea: Vital

Carlos III: Un buen rey

Filosofía: Absolutamente necesario

Música: Imprescindible

Sociedad: Compleja

Ana María Matute: Una bella señora

Biografía

Nacimiento: Madrid, 1942 .

Profesión: Historiadora.

Trayectoria: Catedrática de Historia de las Ideas y Formas Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. Académica de la Real Academia de la Historia (1989) y de la Real Academia de la Lengua (2002). Directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Consejera nata del Consejo de Estado (1996-2004). Autora de El pensamiento de Montesquieu. Ciencia y filosofía en el siglo XVIII, Razón, sentimiento y utopía, entre otros. Premio Internacional Montesquieu (1985), Premio Nacional de Historia (1998 y 2000), Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1995), Premio Correo a los Valores Humanos (1996), Premio Julián Marías en Humanidades y Ciencias Sociales (2006).