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Una misma moneda

GeneraciÓn XXI

La República es lógica, racional, justa. La Monarquía es mágica, estética… poder, Historia y Dios. La primera es el presente, y la segunda el pasado. Pero la Monarquía Parlamentaria reconcilia lo irreconciliable, y cuando funciona es la forma más completa de Estado. Hay un hecho objetivo: el Rey es mejor recibido por Bush que un presidente de República. Y a todos nos importa cómo nos reciba Estados Unidos.

Juan Carlos I ha dicho muchas veces que su puesto hay que ganárselo todos los días. Ser Rey es una profesión que no se parece a ninguna otra. Tiene que demostrar un equilibrio de fuerzas, una cara amable para el pueblo y una solidez interior, que sólo los poderes fácticos ven y valoran. O no.

Algún día vendrá la República, por supuesto, y luego volverá la Monarquía, porque ya no es cuestión de modernidad, de siglo XXI. Cuando un Jefe de Estado se pone al nivel de su tiempo, da igual que sea presidente de República o Rey. Ya nadie se cree que el Rey lo sea por derecho divino, sino porque nosotros lo queremos, y hasta que lo queramos.

El Príncipe Felipe se ha formado mejor que todos nuestros políticos juntos, pero tiene que conquistar a su pueblo. En España no hay monárquicos, hay juancarlistas… y esto es un tópico y una realidad. La República daría una razón lógica al Poder, sí, pero también buscaríamos en su representante alguien carismático, fuerte, serio, amable.

Ya no habría debate Monarquía/República, una misma moneda, sino quién queremos que sea símbolo de España. Ser Rey, y ser Presidente de República, supone todos los medios para acertar o errar. España será lo que queramos que sea. Y para fijar el rumbo hay que mirar a nuestras necesidades históricas, y nunca a ningún interés, ningún partido, ningún chantaje territorial.

 

Eduardo Martínez Rico