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Star Wars: el bien, el mal, los mitos

EXPANSIÓN

Entre las personalidades más influyentes del mundo que suelen figurar, de año en año, en muchas publicaciones tanto en Estados Unidos como fuera, debería estar siempre, en los primeros puestos, George Lucas. El creador de la saga galáctica más famosa de la Historia, la historia que ha hecho soñar a millones de hombres, nos ha emocionado, nos ha divertido y quizá nos haya formado de una manera muy especial. Desde niños.

Hay una foto del rodaje de La guerra de las galaxias, el episodio IV, el primero en realizarse, que muestra a Marc Hamill caracterizado como Luke Skywalker junto a George Lucas, el joven director “contra el Imperio del Sistema de Hollywood”. Ambos tienen una pose muy parecida, la de héroes míticos.

Agustín Sánchez Vidal, profesor de Cine y otros medios audiovisuales en la Universidad de Zaragoza, autor de más de cincuenta libros de ensayo y de una novela-enigma recién publicada, La llave maestra (Suma), dice que La guerra de las galaxias, la saga, va más allá de la épica moderna: “Más que épica, a secas, creo que se trata del cóctel de mitos que necesita todo ser humano en el momento de calcificación de la personalidad. Me refiero a esas vitaminas legendarias que sirven para endurecer el esqueleto psíquico en esos dos tránsitos o ritos de paso que suponen el cambio de los niños a adolescentes, y de adolescentes a adultos.”

Pero ¿por qué nos fascina tanto? La guerra de las galaxias es ciencia ficción; sin embargo, parece que este género se le queda un poco corto. El profesor Sánchez Vidal nos remite, paradójicamente, al pasado, a un pasado que es futuro, el tiempo de los relatos míticos: “No hay que olvidar el rótulo al comienzo de cada película: “Hace mucho tiempo, en una lejana galaxia…” Ese “hace mucho tiempo” no remite al futuro –como suele suceder con la ciencia-ficción- sino al “Érase una vez” de los cuentos infantiles o a ese Gran Tiempo de los relatos míticos.”

El buen aficionado a la saga habrá observado cuánta es la admiración de George Lucas por la Historia. Desde la Historia de la literatura, del cine, a la Historia pura. Para el Episodio I dijo que se había inspirado en las relaciones comerciales y bélicas de las ciudades renacentistas italianas. Sánchez Vidal nos cuenta que “la primera gran fuente se halla en los trabajos de mitología comparada de Joseph Campbell, que ha sido el gurú de George Lucas para la saga. La segunda fuente habría que buscarla en los códigos de toda una serie de géneros cinematográficos practicados o asimilados por el Hollywood clásico. Así, por ejemplo, Han Solo es evidente que procede del Western; o los caballeros Jedi de las películas de samurais, y en concreto de Kurosawa, cuyos Siete samurais dieron origen a Los siete magníficos de John Sturges, y cuyo Yojimbo inspiró los Spaghetti-Westerns de Sergio Leone. Y así podríamos continuar…”

Las fuentes son interminables. Llega un momento en que no sabemos si las inventamos en las películas, al verlas, o si ya están ahí, latentes, esperando nuestro descubrimiento.

Lucas siempre ha dicho que para él el cine es contar historias. Que la tecnología no era más que una herramienta para contar historias. Algunos grandes aficionados a la serie ha achacado en esta nueva trilogía mucha tecnología, mucha digitalización y efecto especial, y poca historia, poco guión. Parece ser que Ewan Mc Gregor, nuestro maravilloso y juvenil Obi Wan Kennoby, se moría de aburrimiento actuando sobre fondos de pantalla azul, solo en el plató. No es fácil convertirse en un actor virtual.

Pero no hay más que ver las dos primeras películas de la nueva trilogía, La amenaza fantasma y El ataque de los clones para comprobar que están envejeciendo bien, algo muy importante y muy difícil. Sánchez Vidal ve diferencias “enormes” entre las dos trilogías: “Sólo técnicamente habría para hablar horas, porque La guerra de las galaxias es un auténtico muestrario de cómo han ido introduciéndose en el cine los efectos especiales digitales, tanto en la imagen como el sonido. Resulta muy aleccionador leer el modo en que el diseñador de sonido tuvo que apañárselas en la primera película de la serie para conseguir el sonido de la espada láser, que hoy se logra sin ningún esfuerzo en un ordenador, pero que en aquella época había que hacer en analógico. Y en cuanto al tono, se ha ido volviendo más sombrío. No es para menos: entre el optimismo del comienzo y este final, el título La guerra de las galaxias ha pasado a designar un programa militar estadounidense.”

Han pasado casi treinta años desde que se estrenó La guerra de las galaxias, episodio IV de la saga. George Lucas era un joven y brillante director que quiso hacer una película inspirada en Flash Gordon, pero que tuvo problemas con los derechos... Se decidió a hacer esta maravilla... Pero nadie creía mucho en ella, ni siquiera cuando se rodó la segunda parte, El imperio contraataca. Los bancos, las productoras... le ponían trabas, le negaban dinero... Los propios actores pensaban que estaban rodando una película infantil.

Lucas, de joven genio del cine (es también guionista y productor de la trilogía de Indiana Jones) a empresario de la industria del entretenimiento, él que se opuso tanto a Hollywood. Lucas, en cierto modo, se ha convertido en lo que siempre detestó, contra lo que siempre luchó, pero con matices importantes. Sánchez Vidal habla de la relación, tan interesante, entre la propia historia de Lucas como cineasta y la de sus personajes contra el Imperio del mal: “Lo pasó muy mal para cerrar la trama, y creo que el momento clave fue cuando descubrió el modo de implicarse él, personalmente, en la historia. Lo consiguió al darse cuenta de que él mantenía respecto a las grandes productoras de Hollywood la misma relación que Luke Skywalker respecto al Imperio: una mezcla de fascinación, rechazo y temor.”

Estas películas son un sueño, un sueño legendario. Nos han mecido desde niños. Hemos crecido, muchos, con ellas. ¿Lucas ha prolongado con sus películas el sueño mítico en el que quizá quiere vivir la humanidad? Sánchez Vidal no lo duda: “Él mismo ha dicho que emprendió la saga de La guerra de las galaxias cuando se dio cuenta de que había toda una generación que estaba creciendo sin cuentos de hadas. Y que estos no podían ser los de toda la vida, sin actualizar, sino a la altura de los años setenta, ochenta, noventa, etc.”

Una sabiduría sencilla, pretendidamente sencilla, recorre todas las películas. “Los relatos míticos están justamente para eso, para responder a las preguntas que no puede contestar la ciencia: el Amor, la Muerte, el sentido de la vida...”, dice Sánhez Vidal. No sabemos si estas películas responden, milagrosamente, a todas estas preguntas, pero desde luego las alimentan, sí, nos animan a vivir soñando.

El Bien contra el Mal, ¿es ése el tema? “Ése es el motor de fondo de todos los conflictos”, dice Sánchez Vidal, y recalca la importancia de este tipo de relatos, ya sean en cine, en la oralidad o en la literatura. El ser humano necesita consumir este tipo de historias, como si le fuera la vida en ello: “Nunca ha podido pasarse sin ellas. Es un hecho. Y es un hambre que no se sacia. Antes un ser humano consumía a lo largo de toda su vida la centésima parte de historias que hoy engullimos delante de la pantalla, del televisor, de los videojuegos…

Pero, tranquilos, ya llega el Episodio III, La venganza de los Sith. Demos de nuevo el salto épico y mítico. ¿Cómo Anakin Skywalker se convierte en Darth Vader? ¿Cómo ha completado Lucas el complejísimo puzzle que empezó a elaborar treinta años atrás?

 

Eduardo Martínez Rico