Cuentos

El arquitecto del faraón

GENERACIÓN XXI

“Les cortaban la lengua y las manos para que no transmitieran su secreto. Pero ellos mismos podían optar por suicidarse. Nadie mataba a nadie, sólo se velaba un secreto sagrado.

“Ser arquitecto del faraón, diseñar su pirámide, su tumba, era el mayor honor que podía recibir un arquitecto, la cúspide de su oficio. Por eso en la escuela de arquitectos, al licenciarse, todos los alumnos recibían una pequeña cápsula dorada con un veneno. Por si llegaba el caso de tener que construir la tumba del faraón, con sus pasadizos, sus trampas, sus secretos… y deseasen abandonar este mundo antes de ser mutilados.

“Pero Mohtep decidió transmitir el diseño de la pirámide antes de morir. Su hijo se estaba formando como arquitecto. No quería desvelar el secreto, ni que la última morada del faraón fuera profanada por los ladrones de tumbas; sólo quería que su hijo aprendiera algo que sólo podía enseñarle él, y que el magnífico trabajo que había realizado para el faraón, su último servicio, le fuera de utilidad. Le dejó escrito en un papiro el diseño de la pirámide, su organización interior, sus trampas, la cámara del faraón y las cámaras falsas.

“Es este documento que ven aquí ustedes, un documento extraordinario”, terminó de decir el guía, “uno de los más reputados del Museo del Cairo”.

 

Eduardo Martínez Rico